egészségügyi ellátáshoz való hozzáférés http://onlinetablettak.com/ Palo alto orvosi Alapítvány munkahelyek

METER LA PELOTA

Por el 23 abril, 2012
He de confesar que la semana pasada tuve una de las experiencias deportivas más divertidas e inesperadas: mi bautismo de golf. O lo que es lo mismo, coger por primera vez un palo y una pelotita e intentar meterla en un agujero no más grande que el diámetro de un bote grande de café soluble. Y lo mejor de todo fueron el lugar donde ocurrió y la compañía. En un viaje de trabajo a Tenerife organizado por Ainhoa Bio y el Hotel Jardín Tropical, una de las actividades incluidas en el menú era el golf. Salvo cuatro, y éramos más de quince, todos los viajeros decidieron ir a la playa que remata el lujo de uno de los resorts más impresionantes de toda la costa sur tinerfeña: el hotel AbamaLas cuatro mosqueteras del Green fuimos, y las pongo por orden alfabético para no faltar, Silvia Capafons, que freelancea sus escritos en Mía Belleza y S Moda; Gema Hospido, subdirectora de una de las revistas revelación de la temporada, Love; Mayte Martínez, avezada editora de belleza de Mía semanal; y la menda, que ya sabéis que esparzo mi profesión por varios canales, entre ellos este blog. 

Hay que decir que el campo de golf del Abama es un privilegio. Diseñado para campeones y neófitos, con un Green cuyo césped siempre está cortado a 3.5 mm, que es la longitud de los verdes de los grandes circuitos; palmeras, vistas al mar y visitado por la jet-set en esto de meter la pelotita en un hoyito. La partida cuesta 200€ y los jugadores los pagan con gusto porque por lo visto es uno de los mejores campos del mundo mundial. 

Su director, Pedro, fue el encargado de enseñarnos primero a coger el palo como mandan los cánones, después a distinguir un palo de otro y, por último a que intentáramos hacer un hoyo, e incluso, intentar un swing. No era fácil, pero todos los profesores del campo son jugadores profesionales (o lo han sido) y saben cómo meterte el gusanillo en el cuerpo. Sería muy falsa si no dijera que a mí esto del golf siempre me pareció un deporte menor. Total, ir paseando con un palito y una pelotita e intentar que se meta en un hoyo a base de golpes, pues no me parecía una actividad física más que para viejos, torpes y damas y caballeros de clase que lo utilizaban como excusa para hablar de sus líos y de negocios. 

A lo mejor en parte es así, pero el golf tiene algo más, algo que te engancha, sobre todo si en tu bautismo te acompaña el entusiasmo, la risa y los saltos de Gema cuando metía la bolita o te dedicas a observar las posturas de Silvia (que vaya por delante que tiene un tipazo propio de una pasarela pero que en lo de darle a la bola no tiene tanta armonía) o el interés académico de Mayte por todo lo que decía el profe. Lo que más me ha sorprendido de este deporte es lo difícil que es coger el palo, mantener la postura inicial y, sobre todo, darle a la bola… Lo de meterla, un milagro que cuando se produce te pone más contenta que ver a George Clooney en “Abierto hasta el amanecer”; y lo que más me ha gustado es que tienes que estar tan concentrado en la bola, para por lo menos darle, que te desconectas de todo lo demás. 

Así que no me extraña que la mayoría de mis amigos que ya son capaces de hacer los 18 hoyos oficiales de los que consta un circuito en condiciones, se pasen la vida suspirando por ir a pisar el verde a la mínima de cambio. Hay que decir, que para iniciarse en condiciones, hacen falta un mínimo de 10 horas siguiendo las instrucciones de un profesor y otras tantas intentando poner en práctica lo que te ha enseñado. Y que es un topicazo aquello de que es un deporte para viejos o vagos. Yo, con tan solo dos horas, aún tengo agujetas en los antebrazos y la cintura… Quizás, el mayor placer del golfista, como pasa con el del esquiador, es lo que viene después. 

En el caso de practicarlo en el Abama, puede ser hasta el privilegio de comer en uno de sus 10 restaurantes, entre ellos un Martín Berasategui (al que el maestro acude una semana al mes como mínimo) con tres estrellas Michelín en su haber; un Kabuki, filial de su homónimo madrileño y considerado el mejor japonés de España. Sin olvidarnos del Spa que posee el resort, las vistas al mar, el servicio…. Pero para mí, el mejor privilegio, mis compañeras de bautismo. 

Itziar Salcedo

Acerca de Itziar Salcedo

Una de las especialistas de belleza más veteranas de nuestro país. @itziarsalcedo

Un comentario

  1. Jorge Zapatero

    23 abril, 2012 at 13:30

    Hola guapa. La verdad es que si vas a un sitio tan ideal como este y encima la compañia es mejor, no puedes pedir mas. Yo todavía no me he iniciado en el mundo del golf, pero es una asignatura que tengo pendiente. Muchas gracias. Un Saludo.
    http://jorgezapatero.blogs.elle.es

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>