Los cortes de digestión y otros mitos del verano

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La digestión no se corta”, esta afirmación de la doctora Ana Bellón,  directora del centro médico que lleva su nombre, me ha hecho acordarme del tiempo perdido en los veranos de mi infancia porque no me podía bañar hasta que pasasen dos horas desde la comida. Entonces, después de comer, sólo había dos opciones: o te bañabas inmediatamente o tenías que esperar un tiempo que se hacía eterno. Pues bien, ahora la doctora Bellón tira por tierra esta creencia explicando que la digestión “es un proceso que no se detiene y que se prolonga más de dos horas y puede durar entre diez horas y dos días”. Sí, habéis leído bien, “dos días”, aunque es cierto que este tiempo no afecta al proceso de todo lo ingerido durante una comida, sino que puede referirse a un único alimento, bien por su propia naturaleza, bien por intolerancias de quien lo ingiere. La doctora explica que lo que conocemos como corte de digestión o hidrocución es en realidad una bajada de tensión que se produce al agruparse la sangre en el estómago durante el proceso digestivo y que ocurre si introducimos un cambio brusco de temperatura en el cuerpo, ya sea de frío o calor. En el caso del baño, cuando el agua es fría, el corte de digestión ó síncope de hidrocución es la súbita pérdida de conocimiento como consecuencia del repentino impacto con el agua, pero cualquier deporte que nos acalore después de comer puede producir el famoso e inexistente “corte de digestión”. En definitiva que no hace falta bañarse para ser víctima de un desmayo, practicar ciclismo o running en plena digestión también puede provocarlo.

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La doctora Bellón también desmonta otros mitos del verano. Os cuento:

– “Los helados son buenos en verano. Además de refrescarnos ayudan a hacer la digestión“. Pues no. Su gran aporte calórico, en grasas y azúcares, provocan pesadez e indigestión.

– “Las bebidas frías sientan mal”. No es cierto. Se necesitan para regular la temperatura corporal y para hidratarnos. Eso sí, el consumo excesivo de alcohol o de zumo de naranja en ayunas puede producir diarrea. Lo primero puede relajar el esfínter, mientras que el zumo de naranja con el estómago vacío induce al vaciado brusco de la vesícula biliar, que puede ir acompañado de dolor abdominal, malestar general , pesadez y sensación de indigestión.

– “Cuando nos encontramos indigestos, un pescadito a la plancha para cenar o una tortilla francesa”. No necesariamente. Según la doctora, en el caso del huevo, la coagulación de la yema lo hace más difícil de tolerar, y en cuanto al pescado, el azul, que por un lado resulta bueno para la salud cardiovascular, por el otro, es muy dado a producir ciertas intolerancias digestivas.

– “Las siestas son para el verano”. Aunque después de una buena comida nos apetezca dormir eso no quiere decir que sea lo mejor para la digestión. La posición horizontal y el calor no favorecen la digestión. Además, dormir después de comer engorda, además.

Más info: www.centromedicobellon.com

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