Estresante modernidad, por John Queras

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Ser trendy genera en los adictos a lo nuevo una ansiedad brutal. Y sino que se lo digan a mi colega Ramón, que es tan modernuqui que siempre va con la lengua fuera. ¿La razón? Que las tendencias son tan efímeras que, cuando ya ha logrado entenderlas e interpretarlas a su gusto, se han pasado de moda. Para él, ayer es un pasado muy, muy lejano y es tan digital que se está convirtiendo, poco a poco y sin darse cuenta, en un holograma. Hasta sus gayumbos tienen 4G y bluetooth. Pero la modernez no se reduce solo a las nuevas tecnologías; es una forma de vida. Hay que estar muy pendiente de qué se va a llevar y cómo llevarlo, cuáles son los garitos a los que ir, qué pelis ver y qué grupos de música lo van a petar. Y claro, esto es un sinvivir porque hay que asimilar mucha información nueva casi a diario. Lo que ayer era un brunch, hoy es un vermú de grifo. Pero volvamos con Ramón. Después de un par de años perfeccionando el look hípster, ahora resulta que los que triunfan son los lumberjacks, una nueva corriente que reivindica el estilo rudo de los leñadores con gruesa camisa a cuadros, botas de montaña, barbas y melenas indómitas y que han sustituido el sushi de su menú por un buen chuletón. ¿Y qué se supone que tiene que hacer el pobre Ramón con la bici vintage que le costó un ojo de la cara y con su huerto vertical, ecológico y orgánico? ¿Y con el libro de recetas “100 maneras de preparar cronuts”? Además, no tiene muy claro si la nueva tribu apuesta por elaborar su propio pan casero, por lo que tiene la sensación de haber tirado a la basura los 250 leuros que le costó el cursillo “Haz tu propia masa madre”.

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Ramón siempre ha sido un early adopter: a finales de los 80 fue grunge; en los 90, metrosexual, y con el nuevo milenio se volvió gafapasta. Ha sido vegano, crudívoro y ovolactovegetariano, según viniese la marea. Jugó al pádel en la época Aznar y en la actualidad es un runner militante. Comenzó haciendo yoga, luego bikram yoga, más tarde naked yoga y, por último, aeroyoga. Con los combinados nocturnos le ha pasado lo mismo. Él siempre fue de whisky cola, pero de un tiempo a esta parte es el maestro de los gintonics premium, en copa de balón y aromatizados con cardamomo, pepino y pimienta rosa. Por supuesto, utiliza la cuchara mezcladora para verter la tónica sin romper las burbujas, cómo mandan los cánones del moderneo. El problema es que el reinado de la ginebra está tocando a su fin y en breve será tan viejuna como el sol y sombra. Sí, el licor de moda a día 4 de diciembre de 2014 es el tequila.

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Bueno, ya os hacéis una idea de lo estresante que es esto de estar a la última. Pues bien, para ayudar a recuperar el sosiego a todos los modernuquis, y también a los que no lo son, os recomiendo SoMo 2.0 Hairstudio & SPA (C/ María de Molina, 18. Madrid. www.somohairstudio.com). Es un salón de peluquería y manipedicura donde además hacen tratamientos eco. Así, el masaje Stress Fix, de un hora de duración (70 €), es el clásico vuelta y vuelta que reduce la tensión muscular y estimula la circulación sanguínea. Básico para la desconexión es la situación de la cabina (aunque el centro está a pie de calle, no se oye ni un ruido), el aroma a lavanda de los productos corporales de Aveda con los que se realiza y la presión justa de las manos de la terapeuta. Aviso para navegantes: recordad la máxima de cortarse las uñas de los pies porque muchos tratamientos, como este, comienzan con una exfoliación podal. Si lo queréis probar, daos prisa porque seguramente la semana que viene los masajes desestresantes serán so last year.

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