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UNA DE UÑAS

Por el 22 octubre, 2012
Si hay un sector del maquillaje que no sabe de crisis, es el de las lacas de uñas. Las manicuras han pasado de ser objeto puntual y para las grandes ocasiones a convertirse en un auténtico fetiche de moda. No hay look que no contemple el esmaltado como un atrezzo indispensable para ser una auténtica fashion. Hace apenas cinco años, nos maquillábamos las uñas de Pascuas a Ramos, incluso lo de hacerse las manos era un acto obsoleto, como de señora mayor o de mujeres peripuestas que no dejaban al azar ni el más mínimo detalle de su apariencia. Es más, los cánones de moda abogaban por elegir siempre un tono discreto, tipo manicura francesa, o uno que hiciera juego con el de la barra de labios. En las pantones no había mucho donde elegir: rojos, algún que otro rosa y tonos porcelana, perlados o mate. Era un mundo soso y muy encajonado. 
Sin embargo, un buen día las lacas de uñas saltan a la palestra (en nuestro país porque en Colombia o Venezuela, lo de maquillarse las uñas era tan básico en los rituales de belleza como depilarse o pintarse los labios, gesto que las niñas aprendían de sus madres en la más tierna infancia y que seguían practicando hasta la senectud) y sin que sepamos muy bien porqué extraño fenómeno de marketing comienzan a lanzarse colecciones de lacas de uñas a diestro y siniestro, surgen nails bars como setas y hacerse la manicura o la pedicura (durante todo el año) resulta tan indispensable como cambiarse de vestido o de zapatos. Todas hemos caído en la tentación, y yo la primera, de esmaltarnos las uñas un día sí y otro también, porque sí, porque nosotras lo valemos y porque, todo hay que decirlo, unas uñas arregladas y bien pintaditas mejoran hasta las manos menos agraciadas. 
Quizás el fenómeno venga provocado por la crisis; es conocido el dato de que en tiempos de austeridad económica aumentan las ventas de los rojos de labios intensos y provocadores. A lo mejor esta es la razón por la que las firmas de cosmética y maquillaje se han lanzado a la caza y captura de nuevos nichos de mercado lanzando colecciones con colores explosivos, intensos, divertidos, absolutamente impensables hace una década: los flúo, los nude, los craquelados, los grises, los azules, los verdes, los metálicos, los púrpuras… Hay marcas como Essie o Masglo (la primera de origen norteamericano y la segunda colombiano) que presumen de tener en su catálogo más de 120 colores para elegir; lo mismo que Opi o CND. Todas de índole profesional en principio pero que ya se están pasando al bando de las perfumerías convencionales donde conviven con Chanel, Dior, Bourjois o Yves Saint Laurent
Ya he confesado que me he vuelto una friki de las manicuras, empecé haciéndomelas para no morderme las uñas y cuando vi como mejoraba el aspecto de mis manos, decidí seguir la senda de practicar este ritual de manera casi semanal. Además de dejar el vicio de devorarme a mí misma, he tenido la oportunidad, por mi trabajo, de probar prácticamente todas las marcas fiables del mercado. Y digo fiables porque no se me ha ocurrido comprarme ningún esmalte en los mercadillos o bazares de todo a 1€, porque aunque el precio es tentador, también por mi trabajo, que me ha obligado a escribir mucho últimamente sobre el universo uñas, me he enterado de que la mayoría de estas lacas de baja calidad están formuladas con lo que se conoce como el trío tóxico: fitalato de dibutilo, tolueno y formaldehído. Con los tres o con alguno de ellos, causantes de que la uña se deshidrate, escame, parta, se ponga amarilla….Y lo que es peor, con capacidad para envenenar al organismo si este es sensible a alguno de estos compuestos. 
Yo no, yo he probado marcas con garantías, incluso alguna casi eco como Kure Baazar. Y ahí va el veredicto. Las lacas que más me han durado en el tiempo son las de Masglo (hasta 10 días impolutas), eso sí, siempre que me han hecho la manicura siguiendo su protocolo porque también es cierto que para usarlas en casa resultan más engorrosas porque son densas y hay que tener habilidad para dar las pinceladas. Muy de cerca, OPI y Essie, también en su versión profesional, son bastante permanentes, no tanto como las colombianas; eso sí, más fáciles de aplicar en casa. En la cola, por su duración no por sus maravillosos tonos fashion, sitúo Chanel y Dior. Sinceramente, sus esmaltes no me duran sin desconcharse más allá de 3 días. Y como fetiche por precio, colorido y gama de productos, me quedo con Bourjois. Sus lacas son divertidas, secan rápido, se retiran con absoluta facilidad, son muy asequibles al bolsillo y duran entre 5 y 7 días impecables. ¡Bravo por ellas
En cuanto a las permanentes, tengo mis reticencias. Es verdad que permanecen inalterables durante más de 15 días, pero tienen el inconveniente de que hay que ir a quitarse el esmalte a un centro profesional (salvo Shellac, que ha lanzado un kit para hacerlo en casa) y que las manicuristas deben emplear una acetona muy fuerte para conseguirlo. Además, yo he notado, (tras tres manicuras permanentes seguidas) que luego la uña se me partía por los laterales porque se escamaba; además de que después, las lacas normales me duraban mucho menos. Al parecer, esto se debe a que los esmaltes permanentes cambian el pH de la superficie de la uña y hasta que este vuelve a la normalidad “escupe” las lacas convencionales. Y según se dice en los mentideros dermatológicos, las lámparas de rayos ultravioleta que se emplean para secar el esmaltado puede provocar tumores indeseables, pero esto está por confirmar. 
Y termino con una sentencia: permanente o convencional, siempre antes de aplicarse un esmalte es indispensable ponerse una base adecuada a las características de las uñas (que también las hay para todos los gustos) y finalizar con un top coat o brillo que prolongue su vida útil.
Itziar Salcedo

Acerca de Itziar Salcedo

Una de las especialistas de belleza más veteranas de nuestro país. @itziarsalcedo

6 Comments

  1. Silvia

    22 octubre, 2012 at 21:59

    En tu línea; artículos descriptivos y con ese toque de humor. Saludos

  2. MARIANA ROSALES VEINTE

    26 octubre, 2012 at 11:25

    ME ENCANTARÓN, COMO SIEMPRE TUS COMENTARIOS. DE ACUERDO CON LO DE MASGLO, EN CASA SON LAS FAVORITAS. LAS PERMANENTES YO TB CREO QUE O MEJORARAN O PERDERAN LA COMBA QUE HOY TIENEN
    ¿ALGUN DÍA TE CONOCEREMOS? DEBERÍAS HACER UN ENCUENTRO Y QUE ALGUNA CASA PATROCINE CON REGALITOS LA JORNADA

  3. Carla Paola Ruiz

    26 octubre, 2012 at 21:18

    Me encantó tu artículo, lo voy a compartir con mis amigas esmaltofílicas. Yo también soy friki-nails, y todo comenzó cuando me encargaron la introducción de Orly en el Perú, desde ahí no paro. me encantan los esmaltes, no soy profesional pero sí una adicta al nail color y care. Saludos y felicidades por el artículo.

  4. Carla Paola Ruiz

    26 octubre, 2012 at 21:19

    Me encantó tu artículo, lo voy a compartir con mis amigas esmaltofílicas. Yo también soy friki-nails, y todo comenzó cuando me encargaron la introducción de Orly en el Perú, desde ahí no paro. me encantan los esmaltes, no soy profesional pero sí una adicta al nail color y care. Saludos y felicidades por el artículo.

  5. Daniela

    2 diciembre, 2012 at 16:20

    Me ha gustado mucho el artículo, pero he me ha extrañado que no conocieras los productos de MAVALA, ya que es una firma Suiza de hace muchos años y especialistas solo en manos y uñas. Yo es la que utilizo y estoy encantada. Tiene tratamiento para las uñas que tienen cualquier problema y para hacer que tu manicura dure mucho mas tiempo. En calidad precio es excelente! Os invito a que la probéis.
    Besis!

  6. mosaddaque

    27 diciembre, 2013 at 13:31

    i like it.i have same side.

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